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sábado, 20 de agosto de 2011

Cuando la burbuja estalla

Faro de la isla de Capri (Italia)

Y entonces la besé. Y sentí de nuevo sus labios junto a los mios. Dulces, como si se tratase del mejor de los pasteles. Su saliva se mezclaba con la mía mientras poco a poco, a cámara lenta, caímos al suelo. Nuestros cuerpos poco a poco se enredaban hasta estar tan unidos que solo la ropa hacia de parapeto de nuestra pasión. La levanté mientras continuaba besándola. Una lluvia de ropa empezó a caer sobre el suelo de la habitación y tu y yo, ahora si, carne con carne ya solo eramos uno.

30 minutos mas tarde seguíamos abrazados. Las caricias y los besos no cesaban. me dabas la espalda. Y yo con mi dedo índice recorría todo tu cuerpo de sur a norte hasta conseguir ver como se te ponía la carne de gallina. Después continuaba con tu pelo. Tiraba de tus tirabuzones intentando inútilmente alisarlos. Besaba tu hombro aterciopelado haciendo un recorrido hasta llegar detrás de tu oreja.

- Te quiero - le susurré al oído-.

- Lo sé.

- Eres fantástica Helena. ¡Cásate conmigo!

Se giró de repente hacia mí. - ¿Qué dices? ¿Estas loco?

- Llevamos casi dos años juntos. Quedamos. Cenamos. Bailamos. Vamos al cine. Conoces a mis padres y a mis amigos. Nos queremos. Creo que ha llegado el momento de formalizar lo nuestro. Así que te lo volveré a decir. ¿Quieres casarte conmigo?

En la espera de un sí se hizo un brusco silencio de miradas serias entre los dos.

- Llevo tres meses follando con Pablo.

Aun no había ropa, pero se acaba de construir un muro entre los dos.

- ¿Qué Pablo? - pregunté deseando que no fuera él.

- Tu amigo Pablo.

El silencio se volvió a apoderar de la habitación.

- Ya lo se Juan. Soy una puta. No espero que pienses lo contrario.

Entre cada frase que pronunciaba Helena había cada vez mas espacio en el cual la tensión ocupaba su lugar.

- Debería habértelo dicho antes. Pero era... difícil. Te veía tan feliz. veía difícil sacarte de tus ideas y pensamientos. Me voy a vivir con el. Creo que lo quiero.

Me quede perplejo. No podía decir nada. Absolutamente nada.

Desde la cama, sentado y desnudo veía como la que creía la mujer de mi vida buscaba su ropa y se vestía.

Desde la cama, sentado y desnudo, se despidió de mi con un simple adiós.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Pero que PUTA

Quique

Anónimo dijo...

Yo soy rabiosa, rabiosa, rabioooosaaaaaa

Anónimo dijo...

Vaya unos puercos Helena y Pablo, no!? jajjajaja
Muy bonita entrada, como siempre! Traete la libretilla roja a las fiestas que las tardes de toros dan para mucho jajaj
P.D: no hace falta que diga quien soy, de eso ya se encarga quique! jajjajaja

INFINITO dijo...

¡Gran relato! pero con final triste. Deberías tratar de buscar un final feliz. Los finales tristes llegan solos.